La migración en las regiones de Interamérica y Sudamérica sigue aumentando, con miles de familias, niños y personas que cruzan las fronteras en busca de seguridad y oportunidades. En 2025, las organizaciones humanitarias de toda la región fueron testigos del aumento de las necesidades de las personas en movimiento, desde el acceso a alimentos y refugio hasta protección, atención médica e información fiable. Casi uno de cada cuatro solicitantes de ayuda eran niños, algunos de tan sólo cinco años, que viajaban con sus familias o tutores con la esperanza de un futuro mejor.

Detrás de cada número hay una historia, una vida llena de retos, determinación y esperanza. Una de esas historias pertenece a José Antonio.
El viaje de un padre: José Antonio y sus hijas
José Antonio abandonó Venezuela con sus dos hijas pequeñas, Andiervis, de cuatro años, y Angervys, de seis. Tras perder a su mujer, se enfrentó a una decisión imposible: permanecer en un lugar donde las oportunidades habían desaparecido o viajar a un nuevo país en busca de seguridad y un futuro mejor para sus hijas.
“Fue muy difícil salir de Venezuela y llegar a Brasil”, recuerda José. “En Pacaraima pasé más de ocho días en un largo proceso para aclarar mi situación como padre soltero y presentar nuestra documentación”.”
La vida en Brasil le planteó nuevos retos: encontrar trabajo mientras cuidaba de dos hijas en duelo y gestionaba sus propios problemas de salud. Un asistente social le puso en contacto con ADRA. Aquella introducción lo cambió todo.
“El equipo de ADRA fue increíble”, dice. “Me inscribieron en el proyecto Providencia, y en menos de 15 días me llamaron para darme la tarjeta alimentaria con la que me mantengo y mantengo a mis hijas”.”
A través de talleres y grupos de apoyo, José empezó a aprender sobre nutrición, bienestar y resiliencia. Sus hijas prosperaron en las sesiones de NutriKids y volvieron a casa con ganas de aplicar hábitos saludables, incluso pidieron una “tarta de cumpleaños” de sandía para celebrar su nuevo estilo de vida.
Detrás de sus sonrisas, la familia sigue cargando con el dolor. Las preguntas de sus compañeros de clase sobre su madre pueden hacerles llorar. Sin embargo, el grupo de apoyo psicosocial de ADRA le ha dado fuerzas a José: “Participar me ha ayudado mucho. Compartimos con otras personas de una forma segura. Estoy muy agradecido por la amabilidad y el apoyo que nos brindan; salimos de allí con una mentalidad diferente”.”
Cuando se le pregunta por sus sueños, la respuesta de José es sencilla y profunda: “Quiero ver crecer a mis hijas, estudiar y graduarse. Y quiero ver crecer a ADRA. Sé que a mi familia, a mis amigos y a las personas que vengan a Brasil se les abrirán las puertas”.”

Por qué es importante este trabajo
La migración no es sólo una estadística, es una historia humana. Es la historia de José, que lleva de la mano a sus dos hijas mientras cruza una frontera. Es la historia de familias exhaustas que llegan a una tienda de ADRA y encuentran lo que les faltaba: seguridad, dignidad y esperanza.
En el Día Mundial del Migrante, recordamos lo que exige nuestra vocación:
Justicia para quienes buscan seguridad.
Compasión para los que recorren caminos difíciles.
Amor para cada persona, hecha a imagen de Dios.
Este es el corazón de ADRA.