El huracán Melissa azota Jamaica
El huracán Melissa azotó Jamaica el 28 de octubre de 2025 como una poderosa tormenta de categoría 5 con vientos sostenidos de casi 185 mph, lo que lo convirtió en el huracán más fuerte de la historia del país. La tormenta causó una devastación generalizada en varias parroquias, especialmente en el suroeste, donde viviendas, escuelas e infraestructuras sufrieron graves daños. Los informes oficiales confirman 45 muertos, mientras que otros siguen desaparecidos, y muchos más fueron desplazados a refugios de emergencia al inicio de la emergencia, ya que los cortes de electricidad y las inundaciones agravaron la crisis. A pesar de la destrucción, el espíritu resiliente y comunitario de Jamaica es una señal de esperanza ante el desastre.

Despliegue rápido y coordinación inicial
Cuando fui enviada a Jamaica como parte del Equipo de Respuesta a Emergencias de ADRA, apenas 72 horas después de que el huracán Melissa arrasara la isla, el ritmo de nuestros días se convirtió rápidamente en una mezcla de planificación, escucha y acción. Después de dos viajes en avión y nueve horas de viaje, llegué a la calurosa y húmeda Kingston, recibida calurosamente por colegas de ADRA Jamaica y del ERT que ya estaban trabajando en los esfuerzos de respuesta. Nuestros días consistieron en sesiones de planificación y preparación, durante las cuales redactamos agendas para el día siguiente y refinamos nuestro plan de implementación para la primera ola de distribución de kits de alimentos y la segunda ola de tanques de agua y kits de higiene.
Evaluaciones comunitarias y trabajo de campo
A partir de ahí, pasamos gran parte de nuestro tiempo sobre el terreno. Visitamos las comunidades afectadas, evaluamos los daños y escuchamos a hombres y mujeres contar cómo había sido el día de la catástrofe y cuáles eran sus necesidades inmediatas, asegurándonos de que nuestras respuestas se ajustaban a esas necesidades. Trabajamos en equipo para identificar lugares de distribución seguros y adecuados, realizar evaluaciones de las necesidades y proporcionar vales a las familias para el día de la distribución. Otra tarea clave fue preparar presentaciones y contenidos de formación para los voluntarios, asegurándonos de que entendían los principios humanitarios y podían llevar a cabo las distribuciones con dignidad y seguridad.

Operaciones de distribución
Los días de distribución fueron algunos de los más impactantes. Supervisé la carga y descarga de los camiones, coordiné a los voluntarios asignando funciones y responsabilidades para cada etapa del proceso de distribución, desde la verificación y el registro de los beneficiarios hasta la entrega de los kits, y me aseguré de que se cumplieran las normas de seguridad y calidad. Respondimos a las preguntas de los beneficiarios mientras escuchábamos atentamente las historias sobre cómo el huracán Melissa había afectado a sus familias, ofreciendo en esos momentos palabras de esperanza y compasión.
Coordinación con socios y proveedores
Más allá de la respuesta directa, participamos en reuniones sectoriales y de grupos de ONG y gobiernos para garantizar una coordinación adecuada entre ADRA y otros organismos. La comunicación con vendedores y proveedores fue constante, incluyendo la comprobación de la disponibilidad de bienes, la confirmación de los plazos de entrega y la resolución de problemas de retrasos para que la respuesta pudiera seguir su curso.
Equilibrio entre logística y conexión humana
Día a día, el trabajo era riguroso pero profundamente resuelto, equilibrando la logística y la planificación con la conexión humana y garantizando que cada camión descargado, cada kit distribuido y cada reunión a la que se asistía contribuían a una respuesta que era a la vez eficiente y compasiva.

Testigos del impacto en las comunidades
Caminando por las comunidades afectadas por el huracán Melissa, la magnitud de la destrucción era evidente. Muchas casas y negocios yacían en escombros, y mirásemos donde mirásemos, los tejados estaban parcialmente arrancados o habían desaparecido por completo, y algunas familias utilizaban lonas azules brillantes estiradas sobre estructuras como protección improvisada. Los escombros cubrían las carreteras y los campos, mientras que los árboles estaban arrancados o secos por las lluvias de agua salada, claros recordatorios de la fuerza de la tormenta. Sin embargo, bajo un sol radiante, nos encontramos con rostros sonrientes. Los miembros de la comunidad se saludaban con gratitud y se ayudaban unos a otros a reconstruir muros y remendar tejados, mostrando resistencia en medio de la pérdida. Los depósitos de agua dañados yacían esparcidos, algunos lejos de las casas a las que servían, pero el ganado, como vacas, cabras y gallinas, había sido recuperado y pastoreaba en campos yermos, ofreciendo una pequeña señal de continuidad.
Resistencia y determinación
Lo que más destacó fue el espíritu de la gente. Los miembros de la comunidad se apoyaron mutuamente, compartieron lo que tenían y se comportaron con fortaleza y esperanza en un mañana mejor. Incluso en medio de la devastación, había una tranquila determinación y una creencia colectiva de que la recuperación era posible, y que juntos reconstruirían no sólo sus hogares sino también sus vidas.
Socios, voluntarios y personas a las que servimos
Durante mi estancia en Jamaica tras el huracán Melissa, las personas con las que hablamos y junto a las que trabajamos dieron forma a cada parte de la respuesta. Los días comenzaban con el equipo de ADRA Jamaica y mis compañeros del Equipo de Respuesta a Emergencias mientras planeábamos estrategias y compartíamos responsabilidades para mantener las operaciones en marcha. Sobre el terreno, nos reunimos con líderes comunitarios y eclesiásticos que actuaron como anclas en sus barrios, nos guiaron hasta las familias más vulnerables y nos ayudaron a conseguir apoyo local. Las autoridades locales también fueron socios fundamentales, pues garantizaron que las actividades se ajustaran a las directrices oficiales y que la ayuda llegara en condiciones de seguridad a quienes más la necesitaban.
Me inspiraron los jóvenes voluntarios adventistas, enérgicos, compasivos y deseosos de servir, que aportaron fuerza y esperanza a los días de distribución. Lo más impactante de todo fueron los propios beneficiarios, familias que habían perdido sus hogares y sus medios de subsistencia, pero que nos recibieron con gratitud, compartieron sus historias de supervivencia y demostraron resiliencia ante la devastación. Hablar con ellos nos recordó que nuestro trabajo no se limitaba a la logística y los suministros, sino que consistía en escuchar, ser solidarios y ayudar a las comunidades a recuperar la esperanza.

Escrito por: Alejandra López, Directora del Programa ERT, Respuesta al huracán Melissa en Jamaica, noviembre de 2025







