En el Día Internacional de la Educación, la comunidad mundial se detiene para reconocer una verdad simple pero poderosa: la educación cambia vidas. Abre puertas, restaura la dignidad y ofrece esperanza allí donde se ha perdido.
Para millones de niños que viven en medio de conflictos, desplazamientos y pobreza, la educación es más que una experiencia en el aula. Es protección. Es estabilidad. Es la base de un futuro que antes parecía imposible.
Al celebrar este año el Día Internacional de la Educación, ADRA Internacional reafirma su compromiso de garantizar que la educación siga siendo accesible, integradora y transformadora, especialmente para las niñas de los países afectados por crisis.

La crisis mundial de la educación
La necesidad nunca ha sido tan urgente.
- Más de 264 millones de niños en el mundo no van a la escuela
- 63% de las personas mayores de 15 años que viven en la pobreza extrema no tienen acceso a la educación
- 773 millones de personas no saben leer, la mayoría mujeres y niñas.
Sin educación, los ciclos de pobreza, desigualdad y vulnerabilidad se agravan. Para las niñas, las consecuencias son especialmente graves. El acceso limitado a la educación aumenta el riesgo de matrimonio precoz, explotación, mala salud e inseguridad económica para toda la vida.
Por eso, educar a las niñas en todo el mundo no es sólo un imperativo moral, sino una vía probada hacia familias más fuertes, comunidades más sanas y sociedades más resistentes.
El compromiso de ADRA con una educación que transforma vidas
Los programas educativos de ADRA van mucho más allá de la mera alfabetización. La educación consiste en abrir oportunidades, reforzar la autosuficiencia y capacitar a las personas para que forjen su propio futuro.
En 2024, los programas educativos de ADRA llegaron a más de 1,7 millones de personas, proporcionando acceso al aprendizaje en algunos de los entornos más difíciles del mundo. Desde aulas en asentamientos de refugiados hasta iniciativas de formación profesional y alfabetización, ADRA trabaja para garantizar que ningún niño se quede atrás a causa de los conflictos, los desplazamientos o la pobreza.
En ningún lugar es más visible este compromiso que en las comunidades afectadas por conflictos prolongados, como la República Democrática del Congo (RDC).
Conflicto, desplazamiento y educación en la RDC y Uganda
Décadas de violencia en el este de la RDC han obligado a millones de personas a huir de sus hogares. El conflicto armado en curso ha devastado familias, destruido infraestructuras y despojado a los niños de la oportunidad de asistir a la escuela en condiciones de seguridad.
Muchos refugiados de la RDC han buscado seguridad en la vecina Uganda, donde los asentamientos de refugiados ofrecen protección pero recursos limitados. En estos frágiles entornos, la educación se convierte tanto en un reto como en un salvavidas.
Para las niñas que han sobrevivido a la violencia, la pérdida y el desplazamiento, el acceso a la educación ofrece estructura, seguridad y esperanza de algo más allá de la supervivencia.
La historia de Venancia: Cuando la educación es lo único que queda
Venancia conoce demasiado bien esta realidad.
Venancia, que ahora tiene 18 años, huyó de la RDC hace más de seis años. Nació en una familia numerosa, pero cuando ella y su madre escaparon a Uganda, todos sus hermanos habían muerto en el conflicto.
“No sé cuándo empezó la guerra”, dice Venancia. “Ha habido guerra desde que nací”.”
De niña, estaba jugando con unos amigos cuando una bala perdida le alcanzó la pierna. Herida durante casi un día, la llevaron al hospital, donde le amputaron la pierna por debajo de la rodilla. Tras una larga recuperación, aprendió a andar con muletas.
A pesar de su lesión, Venancia afirma que la pérdida de su familia fue mucho peor.
“A todos mis hermanos les dispararon los rebeldes, a todos en diferentes momentos. Mi madre finalmente decidió que si queríamos vivir, tendríamos que irnos”.”
Caminaron durante una semana hasta que llegaron a la frontera ugandesa y fueron trasladados a un asentamiento de refugiados. Allí recibieron raciones de comida, una pequeña parcela de tierra y una lona como refugio. La vida seguía siendo increíblemente difícil, pero por primera vez estaban a salvo.
Y Venancia pudo volver a la escuela.
La escuela se convirtió en su refugio. Aunque había perdido meses de educación y se enfrentaba a la barrera del idioma, mantuvo su determinación.
“En mi país hablo francés”, dice. “Pero no me importaba no entender nada al principio. Sabía que aprendería. Prefería aprender inglés que volver al Congo y arriesgar mi vida”.”
Para Venancia, la educación de las niñas no es algo abstracto. Es supervivencia.
“La educación es importante porque puedo capacitarme”, afirma. “Quiero ser médico. Quiero ayudar a los refugiados y a los discapacitados como yo”.”
Tras la muerte de su madre, Venancia se trasladó a la residencia de la escuela. Su escuela es ahora su hogar. Sus compañeros son su familia. La educación es lo único que le queda y la clave para un futuro que aún cree posible.
“Si no fuera por la escuela”, dice, “estaría sola”.”
Por qué es importante apoyar la educación de las niñas
La historia de Venancia no es única. En todo el mundo, millones de niños que viven en entornos frágiles y afectados por conflictos se enfrentan a obstáculos similares. Cuando la educación se interrumpe, también lo hacen sus posibilidades de independencia, seguridad y esperanza.
En el Día Internacional de la Educación, ADRA Internacional hace un llamamiento a la comunidad mundial para que apoye a niñas como Venancia, cuyo valor y determinación nos recuerdan por qué la educación es importante.
Porque cuando las niñas reciben educación, las familias prosperan, las comunidades se fortalecen y se reconstruye el futuro, incluso después de pérdidas inimaginables.
La educación hace algo más que enseñar. La educación cambia vidas.







