A lo largo de las polvorientas rutas migratorias de Sudamérica, el amor tiene otro aspecto. Camina kilómetro tras kilómetro bajo un cielo abierto. Lleva mochilas y niños. Y a veces, camina a cuatro patas.
Por las carreteras del continente, miles de familias migrantes viajan cada día en busca de seguridad y un futuro mejor. A su lado hay fieles compañeros que se niegan a abandonarlos. Sus perros caminan entre el hambre, el agotamiento, el calor y la incertidumbre. Cansados pero fieles, se quedan.
Durante las visitas de seguimiento a las operaciones sobre el terreno de ADRA Colombia para las comunidades migrantes, incluida la Unidad Móvil de Salud y el vehículo de distribución de alimentos, los equipos se dieron cuenta de algo importante. Las familias hacían todo lo posible por sobrevivir, pero sus mascotas pasaban días enteros sin comida adecuada. Los recursos eran escasos. Las prioridades eran urgentes. Sin embargo, una y otra vez, las familias dejaron clara una cosa: sus animales no eran una carga. Eran de la familia.
En medio de tantas penurias, la compasión llamaba a la acción.

Así nació el proyecto “Huellitas de Amor”. Un grupo de colaboradores de ADRA Colombia puso en marcha una iniciativa para recaudar fondos con el fin de proporcionar comida para perros y gatos a las familias migrantes que viajaban desde Venezuela. Hoy, gracias a los recursos recaudados, diariamente se entregan bolsas de comida para mascotas en puntos de asistencia claves, asegurando que la ayuda llegue en el momento justo.
La justicia no consiste sólo en leyes y políticas. Se trata de reconocer la dignidad. La compasión no consiste sólo en sentir simpatía. Se trata de responder. Y el amor se manifiesta de forma práctica.
A través de “Huellitas de Amor”, ADRA Colombia ha entregado comida a perros que llevaban días sin comer y estaban debilitados por las duras condiciones del camino. Las familias ven cómo sus mascotas vuelven a comer, recuperan fuerzas y levantan la cabeza con energía renovada. En esos momentos, el alivio inunda el aire. La esperanza vuelve a ser posible.

Entre las muchas historias que han llegado al corazón está la de Rocky, un perro mestizo que viajaba con una familia de seis miembros: padre, madre y cuatro hijos. Cuando salieron de Venezuela, dejar atrás a Rocky nunca fue una opción. “Rocky es parte de nuestra familia”, dicen. Para los niños, es consuelo, risas y un amigo inseparable en los días más difíciles.
Cuando Rocky llegó a uno de los puestos de socorro de ADRA, estaba enfermo, deshidratado y débil. El viaje le había pasado factura. Gracias a la comida y los cuidados proporcionados por “Huellitas de Amor”, Rocky pudo volver a comer. Poco a poco recuperó las fuerzas. Empezó a mover la cola. Pronto volvió a caminar junto a su familia, no sólo sobreviviendo, sino acompañando y protegiendo a los que nunca le abandonaron.
Historias como la de Rocky nos recuerdan que la ayuda humanitaria deja huellas. Huellas de amor. Huellas de compasión. Huellas de justicia que honran la plena humanidad de quienes se desplazan, incluidos los vínculos que los sostienen.
A veces el amor alimenta a un niño. A veces devuelve la dignidad. Y a veces, el amor llena un cuenco colocado suavemente en el suelo para un perro cansado que ha caminado demasiado con el estómago vacío.
Más información en https://adra.org/loveshowsup