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Día Mundial de la Asistencia Humanitaria: Ralph Watts y un legado de impacto mundial

En este Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, celebramos la extraordinaria trayectoria de Ralph Watts, ex presidente de ADRA y defensor del servicio humanitario durante toda su vida. A sus 92 años, Ralph sigue viajando, hablando e inspirando a otros sobre la importancia de la compasión, la justicia y el amor en acción, demostrando que una vida dedicada a ayudar a los demás nunca termina realmente.

El viaje de Ralph hacia el trabajo humanitario comenzó muy pronto, arraigado en sus experiencias como niño misionero en Corea. Nacido durante una época tumultuosa bajo la ocupación japonesa, los primeros recuerdos de Ralph son de la profunda pobreza que le rodeaba. “Me di cuenta de que era afortunado”, recuerda. “Vivía como estadounidense, no como coreano, aunque quería a mis amigos coreanos. Esa fue mi primera conciencia de la disparidad en el mundo”.”

En 1963, Ralph y su esposa Patricia regresaron a Corea como misioneros, donde a él se le encomendó dirigir los esfuerzos de ayuda de lo que entonces era la Sociedad Adventista de Bienestar del Séptimo Día (SAWS), precursora de ADRA. El país, que aún luchaba contra las secuelas de la Guerra de Corea, necesitaba desesperadamente ayuda humanitaria. “Estaba inmerso en la pobreza, trabajando para aliviar el sufrimiento de los afectados por la guerra y las penurias”, cuenta Ralph. “Pero también fue donde nació realmente mi pasión por el trabajo humanitario”.”

El viaje de Ralph continuó a través de varios puestos de liderazgo, incluido el de Presidente de la Unión del Sudeste Asiático. Esta responsabilidad abarcaba nueve países, entre ellos Vietnam, Camboya y Laos, regiones con las que llegó a estar profundamente vinculado, incluso siendo testigo de la caída de Camboya y Laos en manos del comunismo en 1975. Fue una pérdida que le sigue acompañando, incluso ahora.

Sin embargo, fue a mediados de la década de 1980 cuando el camino de Ralph convergió con la visión de ADRA. A instancias del anciano Neil Wilson, que en aquel momento era presidente de la Conferencia General de los Adventistas del Séptimo Día, Ralph se involucró en ADRA, una organización que aún estaba dando sus primeros pasos. “No tenía ni idea de dónde me metía”, admite. “Pero mi mujer y yo rezamos pidiendo orientación, y sentimos que Dios me llamaba a dirigir esta nueva empresa”. Fue un acto de fe, y los retos eran enormes. La organización estaba endeudada y su estabilidad financiera era incierta. Pero la fe de Ralph y su compromiso con la misión de ADRA eran inquebrantables.

“Sabía que era obra de Dios”, dice. “Tenía que creer que ADRA había surgido con un propósito”. Mediante una combinación de oración, determinación y liderazgo estratégico, Ralph guió a ADRA a través de sus primeras dificultades financieras, asegurando una financiación crucial y construyendo una sólida base de donantes.

Uno de los momentos de mayor orgullo para Ralph fue la creación de un programa de máster de ADRA en colaboración con la Universidad Andrews, que brindó al personal de ADRA la oportunidad de obtener títulos avanzados mientras continuaban su vital labor sobre el terreno. “Se trataba de invertir en las personas que hacen posible este ministerio”, reflexiona.

Sobre el terreno, el corazón de Ralph por los vulnerables era evidente. A menudo destaca la difícil situación de las mujeres en los países en desarrollo. “Las mujeres que acarrean agua kilómetros y kilómetros cada día, que cuidan de sus familias de un modo que no podemos imaginar, son heroínas”, afirma. Su pasión por mejorar la vida de las mujeres continuó durante su jubilación y le llevó a recaudar fondos para construir más de 80 centros de salud en el sudeste asiático y más allá, que ofrecen centros de maternidad y atención sanitaria a mujeres desesperadamente necesitadas.

El liderazgo de Ralph se extendió más allá de su papel como presidente. Una de sus iniciativas más apreciadas fue la creación del programa Embajadores Seniors de ADRA. Este grupo de líderes jubilados de la Iglesia Adventista, incluidos antiguos presidentes de uniones y oficiales de conferencias, se han convertido en poderosos defensores de ADRA. “Me encantan estos hombres. Son una voz muy valiosa para ADRA”, dice Ralph. “Estos embajadores -muchos de los cuales han pasado su vida sirviendo a la Iglesia- salen y cuentan la historia de ADRA dondequiera que pueden, desde ayuntamientos a reuniones personales. Su apoyo ha sido fundamental para el crecimiento de ADRA”.”

Bajo el liderazgo de Ralph, el programa de Embajadores Mayores se expandió, proporcionando a ADRA defensores experimentados que podían conectarse con miembros de la iglesia y donantes en toda América del Norte. “Su pasión por ADRA, su fe en el trabajo que hacemos y su compromiso con la difusión del mensaje de justicia, compasión y amor han sido una enorme bendición para esta organización”, reflexiona Ralph.

Cuando Ralph repasa su dilatada carrera, su mensaje a quienes se plantean una vida de servicio es claro: “Si tienes la oportunidad de trabajar con ADRA, no lo dudes. Será una de las experiencias más gratificantes de tu vida. Mirarás atrás y sabrás que has marcado la diferencia”.”

El legado de Ralph no está sólo en las instituciones que construyó o en los proyectos que puso en marcha, sino en las vidas que marcó gracias a su inquebrantable compromiso con la justicia, la compasión y el amor. Estos valores, esenciales para la misión de ADRA, siguen guiando a la organización en la actualidad.

Al reflexionar sobre su vida y su trabajo, Ralph recuerda las palabras de Jesús: “Cuanto hicisteis al más pequeño de ellos, a mí me lo hicisteis”. Para Ralph, así es una vida bien vivida: sirviendo a los demás con amor, justicia y compasión, impulsado por la fe en la guía de Dios.

En sus años de jubilación, Ralph sigue comprometido con la misión de ADRA, rezando por su futuro y asegurándose de que la labor de la organización siga marcando vidas hasta el final de los tiempos.

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Acerca de ADRA

La Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales es el brazo humanitario internacional de la Iglesia Adventista del Séptimo Día que presta servicio en 118 países. Su labor empodera a las comunidades y cambia vidas en todo el mundo proporcionando desarrollo comunitario sostenible y ayuda en caso de catástrofes. El propósito de ADRA es servir a la humanidad para que todos puedan vivir como Dios manda.