Cada año, en el Día Mundial del Refugiado, hacemos una pausa para honrar el valor y la resistencia de los refugiados y desplazados de todo el mundo. Para la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA), este día es más que simbólico: es un reflejo de nuestra misión. En todo el mundo, nuestros equipos acompañan a las comunidades desarraigadas por los conflictos, las crisis y el clima, ofreciéndoles alimentos, refugio, atención sanitaria y esperanza.
Para conmemorar este día, nos sentamos con Helena Souders, directora de programas de ADRA Internacional, que lleva años trabajando directamente con poblaciones desplazadas. Sus palabras nos recuerdan que detrás de cada estadística hay una historia, y detrás de cada historia, una persona que merece dignidad y compasión.
Entrevista con Helena Souders, Directora de Programas de ADRA Internacional
P: ¿Puede describir algún momento de su trabajo con ADRA que le haya conmovido profundamente o que haya cambiado su forma de ver a los refugiados y desplazados?
R: Conocí a una mujer en Boa Vista (Brasil), cerca de la frontera con Venezuela. Llevaba un bebé en brazos y la felicité, pero me enteré de que era su sobrina. Su propio bebé había muerto dos meses antes en Venezuela porque el hospital no tenía electricidad para alimentar las incubadoras. Aquel momento me hizo comprender la crisis de los refugiados. Lo que damos por sentado, como la electricidad y la atención sanitaria, puede significar la vida o la muerte en otro lugar.
P: ¿Qué le gustaría que entendiera más gente sobre la experiencia de los refugiados?
R: Que nos puede pasar a cualquiera de nosotros. Nada en la vida está garantizado, ni siquiera la estabilidad geopolítica que a menudo damos por sentada. Los refugiados son personas como nosotros. Quieren lo mismo: seguridad, un futuro para sus hijos, comida en la mesa y un techo bajo el que cobijarse.
P: ¿Cómo apoya ADRA a los refugiados en las comunidades con las que ha trabajado?
R: ADRA responde en primer lugar a las necesidades prácticas, proporcionando servicios sanitarios básicos allí donde los sistemas están desbordados o son inaccesibles, y distribuyendo alimentos allí donde las familias carecen de ellos. Lo que hace única a ADRA es que no nos limitamos a responder, sino que nos quedamos y acompañamos a las comunidades con compasión y apoyo a largo plazo.
P: ¿Cuál es uno de los mayores retos a los que se ha enfrentado y cómo ha respondido ADRA?
R: Las crisis de refugiados a menudo se convierten en “emergencias prolongadas”. Pasan los años, pero el desplazamiento continúa. Esto crea fatiga en los donantes, lo que hace difícil mantener los esfuerzos de ayuda. ADRA trabaja incansablemente para mantener el apoyo y los recursos, incluso cuando la atención de los medios de comunicación se desvanece. Ahí es donde importan el compromiso y las asociaciones a largo plazo.
P: ¿Cómo influye su fe en su trabajo?
R: Mi fe me sostiene. Sin mi fe en un Dios amoroso y eterno, no habría tenido fuerzas para seguir adelante. El trabajo humanitario puede ser pesado, pero Dios me da energía para seguir hablando en nombre de los que no tienen voz y sirviendo a los demás con todo lo que tengo.
P: Aparece en el Extraños entre vosotros documental. ¿Qué significa eso para usted?
R: Es una lección de humildad. La película invita a la gente a adentrarse en una realidad que quizá no entiendan, pero a la que podrían enfrentarse algún día. Si puedo ayudar a la gente a cultivar la empatía a través de esta historia, habré hecho algo significativo.
P: ¿Qué mensaje quiere compartir en el Día Mundial de los Refugiados?
R: La gente es gente en todas partes. Todos queremos paz, seguridad y alegría para nuestros hijos. Construyamos un mundo en el que nadie se sienta un extraño.
Un momento que lo cambió todo: la historia de Helena desde la frontera
Hace calor, hace bochorno y el sol brilla en lo alto. Estoy en Boa Vista, en el norte de Brasil, cerca de la frontera con Venezuela. Aunque se trata esencialmente de un campo de refugiados, las sensibilidades políticas impiden llamarlo oficialmente así. Aquí, el gobierno brasileño ha puesto en marcha Ópera Acolhida-Operación Bienvenida- para ayudar a los migrantes venezolanos que huyen del colapso económico y la inseguridad.
Como parte de esta operación, las familias llegan a grandes tiendas de campaña donde reciben vacunas, alimentos y apoyo en el papeleo por parte del personal de la ONU. Cuando visité el país en 2018, los campamentos provisionales ofrecían refugio básico a los más vulnerables.
Un día especialmente caluroso, vi a una joven con un recién nacido en brazos. Me senté a su lado y la felicité. Su expresión cambió al instante, de alegría a tristeza, cuando me explicó que la niña era su sobrina. Su propio bebé había muerto dos meses antes en Venezuela. Nacida prematuramente, su hija necesitaba una incubadora. Pero el hospital no tenía electricidad. No había electricidad. Ni segundas oportunidades.
Ese momento me golpeó como ningún otro en mis años con ADRA. Fue un recordatorio crudo y doloroso de lo que significa perder las necesidades más básicas, cosas que damos por sentadas, como electricidad estable, atención médica y seguridad. Venezuela, antaño uno de los países más prósperos del hemisferio, se había convertido en un lugar donde los niños morían simplemente porque no se encendía la luz.
Me senté en silencio, conmocionado. Recé por ella, por su familia y por la fuerza para seguir haciendo este trabajo. Porque aliviar el sufrimiento humano nunca debe ser controvertido. Debería ser una llamada que todos sintiéramos profundamente, un deseo de ofrecer incluso el más pequeño acto de compasión a aquellos cuyas cargas son más pesadas que las nuestras.
Este momento es la razón por la que sirvo. Por eso trabajo en ADRA. Estoy agradecida de que Dios me haya conducido a una vida en la que puedo acompañar a la gente en sus horas más oscuras. En ADRA, estamos comprometidos a servir a la humanidad para que todos puedan vivir como Dios manda, con dignidad, esperanza y amor.

Últimas palabras sobre el Día Mundial de los Refugiados
En ADRA creemos que nadie debe ser olvidado o pasado desapercibido, especialmente en tiempos de crisis. Los refugiados no son sólo titulares. Son madres, padres, profesores, niños y vecinos. En este Día Mundial del Refugiado, te invitamos a que los veas, escuches sus historias y te solidarices con ellos.
El viaje de Helena Souders es uno de los muchos que aparecen en el nuevo documental de ADRA, Extraños entre vosotros. Esta impactante película abarca cinco países y saca a la luz las experiencias vividas por las personas desplazadas y el amor que les sale al encuentro.
👉 Vea el tráiler y obtenga más información en ADRA.org/StrangersAmongYou







