
Mary Meschu es sólo una de los 170.000 albinos tanzanos que viven bajo el peso de la superstición.
Su piel pálida contrasta radicalmente con la de quienes la rodean, lo que lleva a muchos a creer que ella, y otros como ella, son fantasmas, un tipo de personas malditas. Los llaman “zeru zeru”, que literalmente significa «doble cero». Menos que nada.
Irónicamente, se ofrece una elevada recompensa por las cabezas de las personas con albinismo. Los brujos pagan más de $50 000 por partes del cuerpo que utilizan en pociones y ceremonias. En un país donde los ingresos medios diarios son de $1, se trata de una recompensa muy atractiva.
Los cazadores, atraídos por esta recompensa, se pusieron en contacto con la profesora de Mary cuando ella solo tenía 11 años.
Afortunadamente, la profesora se negó a venderla y los amigos de Mary se movilizaron rápidamente y se pusieron en alerta máxima.
Al nacer, el padre de Mary había acusado a su madre, Happiness, de tener una aventura.
“Nadie de mi familia podría ser así”, afirmó.
Él huyó, dejando a Happiness sola para arreglárselas como pudiera. Mary luchó por mantener a su familia. Vendía pescado y plátanos en la calle, pero sin un sostén económico, la familia se hundió aún más en la pobreza.
Al final, Happiness volvió a casarse y Mary se sintió a salvo y tranquila. Pero eso no duraría mucho.
El padrastro de Mary, el único padre que había conocido, oyó decir que los albinos podían traerle éxito: si se acostaba con una albina, descubriría una gran fortuna.
“—Me enteré de la violación —dijo Happiness—. Ella me contó la atrocidad que había cometido mi marido.”
Avergonzado, el padrastro de Mary salió corriendo. Pasaron los meses y Happiness vio cómo su familia se hundía cada vez más en la pobreza. Desesperada por encontrar ayuda y sin apenas otra opción, Happiness aceptó que su marido volviera con ella.
“Mi padre volvió a intentar violarme”, dijo Mary. “Intenté mantener la distancia, pero él siguió intentando violarme”.”
Gracias a la labor de ADRA en Tanzania, Mary, que padece albinismo, ha podido disponer de un lugar seguro donde estudiar y de acceso a servicios sanitarios esenciales, y se está informando a la comunidad que la rodea sobre la realidad del albinismo.
El Salmo 82:3-4 nos exhorta a “defender a los débiles y a los huérfanos; defender la causa de los pobres y de los oprimidos. Rescatar a los débiles y a los necesitados; librarlos de la mano de los malvados”.
Los 170 000 albinos de Tanzania y los más de un millón de mujeres y niños víctimas de la trata con fines de explotación sexual en todo el mundo necesitan que escuchemos esa llamada.
Para Mary y otras personas con albinismo en Tanzania, ADRA, en colaboración con la Sociedad de Albinos de Tanzania, ha contribuido a construir colegios más seguros, a mejorar el acceso a la atención sanitaria y a dar a las personas con albinismo una mayor voz en su comunidad. Además, en lugares como Tailandia, ADRA está prestando apoyo a las niñas que corren el riesgo de ser obligadas a entrar en el mercado del sexo, que no deja de crecer.