
China Luis Guente comparte su “casa” con su mujer y sus cinco hijos. Vivía en una de las zonas más bajas de los alrededores de Caia cuando el ciclón Idai azotó Mozambique.
La lluvia arreció con fuerza y lo inundó todo. Sólo pudo coger a sus hijos, a su mujer y algunas cosas e ir a refugiarse a la escuela más cercana. Llovió durante 6 días. Se las arreglaron el primer día, pero al segundo, la escuela ya hacía agua.
Permanecieron en el albergue escolar durante dos semanas junto con otras 217 familias. La escuela tenía dos bloques, cada uno con tres aulas. Un bloque era para mujeres y niñas, y el otro para niños y hombres. Algunos tenían colchonetas, otros no, y los que las tenían las compartían.
Durante el día, sacaban sus cosas para que los alumnos pudieran ir a la escuela. Por la noche dormían en la escuela y él se sentía vulnerable en la escuela porque allí no podían hacer nada. Al mismo tiempo, sintió solidaridad entre los afectados; lo compartían todo y cada uno sentía la necesidad de cuidar del otro.
Aparte de los alimentos del INGC (organismo de gestión de catástrofes), no recibieron ninguna otra ayuda. Cada familia recibe el mismo tamaño de ración. Las familias más pequeñas compartían su ración con las más numerosas. Sabe construir su propia casa, pero aprendió a instalar la lona aprendiendo de ADRA.
¿Algún mensaje para ADRA? “Me siento muy útil y agradecida por lo que ha hecho ADRA. Que Dios les bendiga por ver que estamos sufriendo y estar dispuestos a ayudar, y también por venir aquí a ver cómo estamos.”