Abou Adel tiene 36 años, es padre de cinco hijos y vive en la zona rural de Damasco. Antes de que comenzara la crisis en Siria, era el orgulloso propietario de cuatro peluquerías. Su pasión por el cabello comenzó a los ocho años, cuando empezó a trabajar como aprendiz de barbero, por lo que sus peluquerías le llenaban de alegría. También proporcionaban a su familia una vida cómoda.
Pero el conflicto que asolaba su país le arrebató muchas cosas.
“Lo perdí todo, mis salones, todo mi equipo y tuve que empezar de cero”, explica Abou Adel. “Tuve que trabajar como jornalero, vendiendo galletas en la calle. Busqué cualquier tipo de trabajo para mantener a mi familia”.”
Fue un duro revés para la familia, pero no mermó la determinación y el amor de Abou Adel por la peluquería. Con el tiempo, pudo abrir otra peluquería con el equipo y los suministros que pudo ahorrar de su negocio anterior. Por desgracia, no fue suficiente para repetir su éxito anterior.
Sus circunstancias, su necesidad y su experiencia previa hicieron de Abou Adel el candidato perfecto para un proyecto de medios de subsistencia de ADRA en la zona.
El joven padre se apuntó a un curso de formación para pequeñas empresas, que refrescó sus conocimientos de gestión en el contexto de una población afectada por la crisis. Al final del curso, presentó un meticuloso plan de empresa y puso en marcha su negocio con una estrategia de marketing consistente en ofrecer cortes de pelo gratuitos a sus compañeros asistentes.
A los tres meses de su formación y de recibir equipos y materiales actualizados de ADRA, Abou Adel volvía a celebrar el éxito.
“Mi tienda experimentó un cambio de 180 grados, y mis ingresos casi se duplicaron”, expresó Abou Adel. “Ahora, los clientes vienen ansiosos a mi tienda y no quieren irse”.”
Abou Adel es un ejemplo vivo de cómo el trabajo duro, la determinación y la voluntad de aceptar una mano amiga pueden llevar al éxito incluso en las circunstancias más extremas.