Said sólo tiene 14 años, pero ha pasado por penurias que ningún niño debería sufrir. En Serbia compartió la historia de su familia:
“Mamá y papá nos dijeron que nos íbamos a Europa. No nos llevamos nada, salvo una prenda de repuesto para cada uno. No nos dijeron cómo viajaríamos ni por cuánto tiempo. Yo no me llevé ningún juguete.
Recuerdo el fuerte abrazo de mi abuela que decía que rezaría por nosotros todos los días. No sé cuánto tiempo estuvimos viajando. Creo que fue un viaje muy largo. Viajábamos en camiones. No podíamos respirar. La gente lloraba.
El camionero nos gritó. Mi madre intentó dormirnos para que no viéramos ni recordáramos las cosas malas que pasaban a nuestro alrededor.
No quiero recordar muchas de las escenas que vi.
A veces hablamos del pasado: de nuestra casa, de la abuela y de los bonitos recuerdos que nos llevamos. La guerra y los viajes que hemos dejado atrás. No deberíamos hablar de eso.
Me gusta ir a la escuela y jugar en el parque. No es justo que alguien se quede analfabeto. Lo siento por mi madre, que no sabe escribir su nombre. No sabe leer el periódico. Nunca ha ido a la escuela. Yo seré médico. Ayudaré a los niños enfermos. Cuando estén tristes, les preguntaré por qué están tristes.
Nadie me ha preguntado por qué lloro, por qué estoy triste.
Los niños no deberían ser víctimas. Los niños no deberían ver cómo la gente se ahoga al no poder subir al barco. No deberían caminar durante días sin ducharse. No deberían pasar hambre y llevar un solo par de zapatos y una sola prenda todo el tiempo. Sueño con mi casa, donde pueda dormir en mi cama y asistir a la escuela. “