En Rumanía, la Agencia Adventista de Desarrollo y Ayuda Humanitaria (ADRA) está devolviendo la esperanza y la dignidad a personas que a menudo son ignoradas y marginadas por los demás. A través de un proyecto centrado en la asistencia a personas con discapacidad, ADRA ha estado reforzando su autoestima y ayudándolas a desarrollar habilidades laborales. Las personas con discapacidades físicas y mentales disponen ahora de un entorno seguro en el que expresar las dificultades a las que se enfrentan en una sociedad que, a menudo, las rechaza por sus diferencias.
Se calcula que en Rumanía viven 630.000 personas con discapacidad, una estimación conservadora, ya que esta cifra sólo representa el número de certificados de discapacidad expedidos. La integración en la sociedad sigue siendo un reto, ya que a menudo sufren un trato injusto y prejuicios, mientras que apenas se aboga por ellos.
En respuesta a este reto, ADRA Rumanía ha estado impartiendo clases para personas con discapacidad, enseñándoles diversos conocimientos de cocina, idiomas, informática e Internet, y ofimática básica.
A través de estas formaciones, ADRA Rumanía está dotando a los beneficiarios del proyecto de conocimientos y competencias para encontrar y asegurarse un empleo, un recurso muy valioso ya que la inmensa mayoría de estas personas están desempleadas y dependen del apoyo de sus familias. Además de la formación profesional, se celebran reuniones recreativas para que los asistentes interactúen con otros que se enfrentan a luchas similares. Durante este tiempo, los inscritos en el proyecto pueden expresarse creativamente a través de la música, la poesía, la pintura, las manualidades y compartir abiertamente sus experiencias. El entorno seguro de las reuniones se considera un refugio donde nadie es ridiculizado por lo que dice, y ha demostrado ser útil para mejorar las actitudes y la visión general de la vida.
Uno de los beneficiarios del proyecto, Vasile Ionita, lleva en silla de ruedas desde los 20 años. Ahora, a sus 52 años, Ionita cuida de su hermana menor, que padece epilepsia, y de su madre anciana, que sufre una enfermedad cardíaca. Desde que participa en el proyecto de ADRA Rumanía, Ionita se ha sentido aceptado en el ambiente familiar de ADRA y se siente seguro en un lugar donde puede ser él mismo sin temor al rechazo.
Su apoyo contribuye a que proyectos como éste lleven esperanza y éxito a personas de todo el mundo. Gracias por sus oraciones y contribuciones.