
Han pasado tres años, pero los hijos de Loubana siguen teniendo pesadillas sobre el día en que bombardearon su hogar sirio.
“Recuerdo cuando me escondí bajo las escaleras cuando caían las bombas”, cuenta Nour, que entonces sólo tenía 6 años.
Loubana y su familia tenían una buena vida en Siria. Su marido, Hasan, tenía un próspero negocio y una hermosa casa llena de niños felices y sanos.
Entonces comenzó el terror.
Cuando la bomba alcanzó su casa, la familia tuvo suerte de salir con vida de entre los escombros. Hasan volvió a entrar en lo que quedaba de la casa para rescatar a su bebé, que dormía la siesta.
Loubana y Hasan no han vuelto a Siria desde que huyeron al Líbano. Ni siquiera cuando fallecieron el hermano de Loubana y la madre de Hasan. “Me encantaría volver a Siria, pero ¿para qué? ¿Para que el ISIS o el gobierno se lleven a nuestros hijos para su ejército?”, dice Hasan.
La vida en Líbano ha sido una lucha para la familia. Los niños no han ido a la escuela en los tres años transcurridos desde que abandonaron Siria y apenas pueden pagar el alquiler y comprar alimentos para su numerosa familia. Los diez viven en un minúsculo apartamento de dos habitaciones cubierto de moho por las goteras del techo. La salud de Hasan es delicada y no pueden permitirse los cuidados ni los medicamentos que necesita.
ADRA pudo proporcionar chaquetas, mantas y otros artículos de invierno a la familia de Loubana. Y pronto, los niños podrán asistir a un centro de aprendizaje de ADRA.