
Parece que Adia y Endana siempre han tenido una vida difícil. En 2013, cuando las hermanas tenían solo 6 y 7 años, murió su madre, y poco después sus hermanos mayores se marcharon en busca de comida y trabajo. A día de hoy, no han vuelto.
Con una lágrima en los ojos, Adia añadió: “Ese mismo año murió nuestro padre y nos quedamos solos”.”
Adia and Endana were now left to fend for themselves in a rural village in Kenya. Can you imagine–two young girls left to fend for themselves in the middle of what has so far been three years of deadly drought?
“We were now expected to be adults. It was so hard,” Endana said, tears streaming down her face. “It was a burden you just can’t bear.”
Cada día, las niñas luchaban simplemente por sobrevivir. Se levantaban a las 5 de la mañana para ir a la escuela, normalmente con el estómago vacío. Tras el viaje de vuelta de la escuela, una de ellas caminaba un kilómetro y medio para buscar agua en un punto de agua sucia, mientras la otra se quedaba en casa para limpiar y cocinar, si es que tenían comida.
“Tres días a la semana no tenemos comida y dormimos con hambre”, explica Adia.
Además, al no haber ningún varón en la familia, las niñas se preocupaban por su seguridad.
“We are afraid of staying by ourselves, alone as two young girls,” Endana said. “Bad people can come and harm us.”
Es un miedo que ningún niño debería tener.
Adia and Endana still struggle, lacking the most basic of necessities, and their wishes are simple.
“Me gustaría tener ropa nueva, jabón y comida”, dice Adia.