
Confridah, de quince años, empezó el instituto con ilusión. Sobresalía en sus estudios y tenía planes de ir a la universidad en el futuro. Su padre tenía otros planes.
Había encontrado en secreto un marido para su hija y, siguiendo la costumbre de muchas partes de Kenia, iba a circuncidarla.
La circuncisión femenina, más exactamente conocida como mutilación genital femenina (MGF), es una práctica cultural generalizada que deja cicatrices, daños y a veces incluso la muerte de las mujeres y niñas que se someten a ella. La edad no suele ser un factor determinante, y hay informes de niñas de tan sólo 4 y 5 años que han sido circuncidadas.
Cuando Confridah se enteró de las intenciones de su padre, huyó de casa. Quería seguir estudiando y recibir una educación, no convertirse en una trágica estadística. Los líderes de la iglesia la acogieron hasta que pudo ponerse en contacto con ADRA, una agencia que le aseguraron que podía ayudarla.
ADRA trabaja duro para erradicar la mutilación genital femenina en Kenia poniendo en marcha programas como el Proyecto de Capacitación de las Niñas. Estos programas educan a las niñas sobre su cuerpo y sus derechos, además de rescatar a las niñas cuyo cuerpo y derechos están siendo violados.
También se imparten talleres de preparación para la vida que enseñan a las niñas vulnerables y a sus familias el valor de una mujer sana y proporcionan ayuda para la formación profesional y la escolarización.
Gracias al proyecto Girls’ Empowerment en Kenia, 670 niñas se han salvado de la mutilación genital femenina.
Confridah es una de esas niñas. ADRA la ayudó a matricularse de nuevo en la escuela, y ahora es mentora académica y de derechos de la mujer en el programa escolar de ADRA, el Club de Chicas de Kenia. Las 20 chicas de este club se reúnen periódicamente para organizar actividades de divulgación en la comunidad, de modo que puedan animar y empoderar a otras jóvenes.
ADRA cree en el poder de mujeres como Confridah, cuya pasión enciende a la gente a su alrededor para crear el cambio.