Marie-Denise Dorvilier, 53 years old and a mother of nine, remembers Hurricane Matthew like a nightmare.
“I heard the wind, and I went out of the house and started running. A metal wire strangled me, and I fell to the ground. Despite all the metal sheets flying around, I rose up again and began running towards the school nearby,” she recalls of the horror.
“Tengo siete hijos y dos hijas. Junto con mi marido, somos nueve los que vivíamos en esta casa que ahora ha desaparecido. Aun así, damos gracias a Dios por haber sobrevivido al huracán”, dice sonriendo entre lágrimas.
Ever since that day they have been sleeping inside a school together with thirty more families in their village.
“Todos intentamos vivir con normalidad, pero en el fondo sabemos que ahora las cosas son diferentes. Hemos estado durmiendo en un lugar que no es nuestro hogar. La semana que viene empezarán de nuevo las clases y todos tendremos que mudarnos”, dice.
Marie admite que está muy estresada desde el huracán. “¿Dónde podemos alojarnos? ¿Qué podemos comer?”
“He estado mendigando comida para alimentar a mis hijos”, dice señalando la olla hirviendo llena de boniatos.
“He pedido estas patatas a otras personas para que mi familia pueda comer. Antes del [huracán] Matthew, mi marido y yo solíamos vender verduras y cosechas en el mercado. Ahora, la tierra está vacía: no hay nada que vender ni comer”.”
ADRA sigue proporcionando ayuda de emergencia a pueblos como el de Marie. Miles de paquetes de alimentos, equipos de purificación de agua y kits de refugio han sido distribuidos ya en la primera semana después de que el huracán Matthew azotara el departamento meridional de esta nación insular.
“Cuando ves que otras personas ayudan, eso me da esperanza. No tengo nada; no puedo ser desagradecida”, dice, recordando los paquetes de alimentos que recibió hace una semana y los kits de refugio que recibirá pronto.
“Sólo puedo dar las gracias a ADRA por lo que está haciendo por mí y por mi familia. Muchas gracias, ADRA”, añade.