Ruanda tiene una historia increíblemente dolorosa, y aunque el derramamiento de sangre de los años 90 haya cesado, su pobreza continúa. Fue aquí, en una remota aldea de montaña, donde un colega de ADRA conoció a Diane.
Se encontraron fuera de una pequeña casa de barro de dos habitaciones. Diane acababa de ponerse de parto y había empezado a llover. La lluvia es rara en esta parte del país, así que la pequeña parcela de yuca y judías que pertenecía a Diane y a su marido, Gideon, estaba seca y marchita, como las de las demás familias. Pero no sólo temían la muerte de sus alimentos y medios de subsistencia. De pie bajo la lluvia, temían perder otro bebé.
Hace apenas unos años, Diane perdió un bebé a los pocos instantes de nacer. Es un suceso estremecedor, aún más por lo común que es en lugares como este.
“Me puse muy triste cuando perdí a mi bebé”, contó Diane a nuestra colega. “Creo que si hubiera llegado antes a la clínica, quizá hoy estaría vivo”.”
Diane vive a ocho kilómetros del dispensario. Aunque la distancia no parezca mucha, el estado de las carreteras es terrible: erosionadas por las fuertes lluvias, parecen más bien senderos. Es un viaje que las madres de la aldea rural de Diane hacen en pleno parto, a pie o, si pueden permitírselo, peligrosamente a lomos de una moto. ¿Se imaginan el dolor y el miedo que deben experimentar en un viaje así?
Por desgracia para Diane, empezó su viaje demasiado tarde y llegó a la clínica con graves complicaciones. Su estado y el de su bebé obligaron a trasladarla al hospital más cercano, a una hora de distancia.
El viaje y la espera fueron demasiado largos. Su bebé había muerto.
Esto no debería ocurrir nunca. Dios nunca quiso que Diane ni ninguna otra madre tuviera que enterrar a sus bebés. Puedes entender por qué, bajo el tormentoso cielo ruandés, con las contracciones tirando de su cuerpo una vez más, Diane tenía miedo. Otra muerte sería demasiado para ella y para Gideon.
“Me preocupo todo el tiempo cuando mi mujer está embarazada”, dice Gideon. Es un buen marido, hace lo que puede para mantener a su mujer, pero es consciente de que la vida no ha sido ni será fácil.
“Vivimos en una zona muy rural. Me preocupa que espere demasiado para ir al centro de salud y vuelva a tener complicaciones. Me aseguro de darle durante el embarazo todas las frutas y verduras que encuentro para que ella y el bebé estén sanos y fuertes.”
Gideon hace todo lo posible por dar a su mujer todo lo que necesita para un parto sano y salvo. Lo único que quiere es un bebé y una mujer sanos. Es en momentos como éste, cuando sentimos que hemos hecho todo lo que podíamos, cuando necesitamos el apoyo de los demás.