Ruanda: La historia de Diane

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Por ADRA Internacional
Publicado el 17 de mayo de 2018

Ruanda tiene una historia increíblemente dolorosa, y aunque el derramamiento de sangre de los años 90 haya cesado, su pobreza continúa. Fue aquí, en una remota aldea de montaña, donde un colega de ADRA conoció a Diane.

Se encontraron fuera de una pequeña casa de barro de dos habitaciones. Diane acababa de ponerse de parto y había empezado a llover. La lluvia es rara en esta parte del país, así que la pequeña parcela de yuca y judías que pertenecía a Diane y a su marido, Gideon, estaba seca y marchita, como las de las demás familias. Pero no sólo temían la muerte de sus alimentos y medios de subsistencia. De pie bajo la lluvia, temían perder otro bebé.

Hace apenas unos años, Diane perdió un bebé a los pocos instantes de nacer. Es un suceso estremecedor, aún más por lo común que es en lugares como este.

“Me puse muy triste cuando perdí a mi bebé”, contó Diane a nuestra colega. “Creo que si hubiera llegado antes a la clínica, quizá hoy estaría vivo”.”

Diane vive a ocho kilómetros del dispensario. Aunque la distancia no parezca mucha, el estado de las carreteras es terrible: erosionadas por las fuertes lluvias, parecen más bien senderos. Es un viaje que las madres de la aldea rural de Diane hacen en pleno parto, a pie o, si pueden permitírselo, peligrosamente a lomos de una moto. ¿Se imaginan el dolor y el miedo que deben experimentar en un viaje así?

Por desgracia para Diane, empezó su viaje demasiado tarde y llegó a la clínica con graves complicaciones. Su estado y el de su bebé obligaron a trasladarla al hospital más cercano, a una hora de distancia.

El viaje y la espera fueron demasiado largos. Su bebé había muerto.

Esto no debería ocurrir nunca. Dios nunca quiso que Diane ni ninguna otra madre tuviera que enterrar a sus bebés. Puedes entender por qué, bajo el tormentoso cielo ruandés, con las contracciones tirando de su cuerpo una vez más, Diane tenía miedo. Otra muerte sería demasiado para ella y para Gideon.

“Me preocupo todo el tiempo cuando mi mujer está embarazada”, dice Gideon. Es un buen marido, hace lo que puede para mantener a su mujer, pero es consciente de que la vida no ha sido ni será fácil.

“Vivimos en una zona muy rural. Me preocupa que espere demasiado para ir al centro de salud y vuelva a tener complicaciones. Me aseguro de darle durante el embarazo todas las frutas y verduras que encuentro para que ella y el bebé estén sanos y fuertes.”

Gideon hace todo lo posible por dar a su mujer todo lo que necesita para un parto sano y salvo. Lo único que quiere es un bebé y una mujer sanos. Es en momentos como éste, cuando sentimos que hemos hecho todo lo que podíamos, cuando necesitamos el apoyo de los demás.

*Publicado por la Agencia Adventista de Desarrollo y Ayuda Humanitaria (ADRA), la rama humanitaria de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Más información sobre ADRA.

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An African woman from Rwanda nearly and holding her child in a field as part of an ADRA program.

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