La vida es dura para los apátridas en Tailandia, pero al menos los jóvenes tienen acceso a la educación y a un estrecho camino hacia la ciudadanía. Para los miembros más mayores de la comunidad de apátridas, la vida a menudo pasa de largo, y muchos mueren como nacieron: legalmente invisibles. Para hacer frente a esta trágica falta de derechos y servicios básicos, ADRA ofrece, entre otras cosas, una clínica médica móvil para atender las necesidades sanitarias de los marginados de la sociedad. Para algunos, es la primera vez que reciben tratamiento médico.