Felipe* tenía sueños y planes para su vida como cualquiera en su Colombia natal. Soñaba con ser médico y profundizar sus conocimientos en este campo. Estos sueños se acabaron abruptamente cuando un grupo armado entró en su comunidad exigiendo el apoyo de todos para su presencia en el territorio. Sabía que si no se unía a ellos lo matarían y además estaría infringiendo la ley. Sin dudarlo, decidió huir.

Pasó meses intentando distanciarse de quienes podían perjudicarle. No tenía dinero, pero recibió ayuda en el camino de particulares, iglesias e instituciones, llegando finalmente a Argentina hace aproximadamente un año.

Temeroso de volver a Colombia, decidió establecerse en Argentina y solicitó el estatuto de refugiado. Los primeros días de asentamiento en un nuevo país, especialmente como refugiado, suelen ser los más duros, y es entonces cuando las organizaciones confesionales como ADRA Argentina suelen poder prestar asistencia para ayudar a los refugiados con la difícil adaptación.

Felipe había intentado encontrar empleo por su cuenta, pero se había topado con numerosos obstáculos. Cuando acudió al Centro de Apoyo a Refugiados de ADRA Argentina en busca de ayuda para encontrar trabajo, estaba muy deprimido y angustiado por su situación.

A pesar de participar activamente en talleres de búsqueda de empleo e integración cultural, Felipe sabía que necesitaría apoyo para tener éxito en su búsqueda de empleo, debido a la indiferencia de los empresarios y a unos requisitos laborales que le resultaban imposibles de cumplir por sus difíciles circunstancias.

El propietario de una pequeña empresa de Buenos Aires conocía otra organización que había contratado recientemente a un refugiado nigeriano. Decidió que su empresa también debería intentar contratar a un refugiado para cubrir un puesto vacante. Se puso en contacto con ADRA Argentina, que buscó en su base de datos y sugirió algunos candidatos, que fueron llevados a entrevistas.

ADRA Argentina proporcionó a los candidatos seleccionados información sobre derechos laborales, les dio consejos para la entrevista y les acompañó a la misma para ayudarles a sentirse más seguros.

Felipe fue seleccionado para el trabajo. Cuando Felipe recibió una llamada telefónica comunicándole que había sido seleccionado para el puesto, lloró de alegría, repitiendo agradecido: “Gracias a Dios, gracias a Dios, gracias a Dios.”

Tras unas semanas en su nuevo trabajo, y gracias a quienes le apoyaron, Felipe pudo mudarse a una casa más digna. También consiguió lo que antes no tenía: un trabajo decente, un hogar digno y la capacidad de volver a hacer un plan para su vida.

Felipe sigue queriendo volver a estudiar y convertirse en médico algún día. También quiere echar raíces en Argentina y formar una familia. Hace unos meses su esperanza se desvanecía, pero gracias a que se le dio una oportunidad, su vida y sus sueños vuelven a estar en marcha.

*Se ha cambiado el nombre para proteger su identidad.

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Acerca de ADRA

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