A sus 89 años, Nanya ha vivido muchas cosas a lo largo de su vida. Pero nada tan malo como esto. Hace años que no llueve, la comida y el agua escasean y el hambre es constante.

El marido de Nanya murió hace 30 años, dejándola con sus tres hijos, que ya han crecido y se han marchado a la ciudad en un intento de mantener a sus propios hijos. Nanya cuida de sus nietos lo mejor que puede pero, sencillamente, se mueren de hambre.

No están solos. Todas las familias de su pequeña comunidad en Kenia pasan hambre. Luchan sin comida, sin opciones y sin esperanza.

“Todo el mundo a nuestro alrededor está sufriendo. Necesitamos ayuda ya”, afirma Nanya.

En un buen día, los nietos de Nanya sobreviven a base de gachas de maíz y azúcar. Muchos días lo único que tienen son frutos secos silvestres que tienen que buscar entre el polvo. Todos los días le preocupa que los niños que más quiere en el mundo no sobrevivan.

Imagina ser la persona que puede asegurarse de que estos preciosos pequeños, y otros que pasan hambre, tengan la barriga llena y un futuro brillante. Puedes ser tú.

En la pequeña comunidad de Nanya es imposible cultivar nada. Todo se comparte entre las familias, pero nunca hay suficiente para todos. Los adultos sólo comen cada dos días para que los niños coman lo máximo posible. Nunca es suficiente.

Los niños deberían estar jugando, aprendiendo en la escuela y soñando con el futuro. En lugar de eso, se pasan el día recogiendo leña, llevándola al mercado, que está a varias horas de distancia, e intentando distraerse del dolor de sus estómagos vacíos.

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