Etiopía: ADRA devuelve la esperanza a un pueblo sin esperanza
Reimpresión del artículo - Hannah Ndungu trabaja como Coordinadora de Gestión de Emergencias para la Oficina Regional de ADRA en África. En este artículo, Ndungu comparte una experiencia de cómo el trabajo de ADRA devolvió la esperanza a una aldea etíope.
SILVER SPRING, Maryland - En Kelafo Woreda, región somalí de Etiopía, se encuentra una pequeña aldea llamada Hargududo. La aldea, de unos 200 hogares, cuyos habitantes son en su mayoría agropastoriles, está llena de elogios y de una alegría desbordante por lo que, con muy pocas palabras, denominan ‘una aldea sin vida que ha vuelto a la vida’. Junto con mis colegas de ADRA Internacional recorrimos más de 120 millas (200 km) para llegar a esta aldea, donde la Red ADRA apoyó a la comunidad local con intervenciones de emergencia en materia de agua, servicios veterinarios y alimentación suplementaria del ganado.
A lo largo de una franja de tierra llena de arena, nuestros ojos sólo veían terreno desnudo en todas direcciones, hasta que nos topamos con una pequeña aldea llamada Hargududo. No ocurría gran cosa en el pueblo, los ancianos estaban sentados jugando al tradicional juego del ajedrez mientras los niños paseaban despreocupadamente. Cuando detuvimos el coche en la carretera, enseguida vimos a los ancianos caminando enérgicamente para recibirnos mientras los niños -llenos de vida y energía renovadas- corrían hacia el coche aguzando el oído para ver qué había dentro.
Justo al otro lado de la carretera, había una pequeña casa abierta con techo de paja. El anciano del pueblo nos condujo hasta allí con los saludos de bienvenida de otros tres ancianos. En pocos minutos, los jóvenes, los hombres y algunas mujeres se unieron a nosotros en la pequeña pero acogedora morada. Como es norma habitual por estos lares, se preparó el suelo y todos se sentaron ansiosos por escuchar cuál sería la misión de ADRA en aquella zona. Al cabo de un minuto, nos sirvieron a cada uno un vaso con shaa (té azucarado) somalí caliente. Tras la ronda de presentaciones, la explicación del equipo de ADRA sobre el motivo de nuestra visita fue aplaudida amablemente.
Los sentimientos de los ancianos estaban llenos de agradecimiento hacia lo que ADRA está haciendo por el pueblo: dar vida a un pueblo que atravesaba momentos oscuros. A causa de la sequía, la comunidad perdió gran parte de su principal sustento económico: el ganado, sobre todo las cabras. ’Nuestras mujeres y niños estaban débiles, lo que les obligó a trasladarse a campos de desplazados para recibir alimentos de socorro. Fue una decisión muy dolorosa que tuvimos que tomar, pero era mejor que verlos sufrir aquí por falta de comida y agua“, añade un anciano, con una mirada triste y desolada.
En aquella época, la búsqueda de agua y pastos era complicada porque los pueblos vecinos no se habían recuperado de la sequía anterior. Las familias emprendieron el viaje en busca de tierras que no se hubieran visto afectadas por la sequía. Sin embargo, en cuanto se corrió la voz de que ADRA había llegado a su pueblo, esas mismas familias volvieron a casa. ADRA proporcionó a los aldeanos agua para uso doméstico y ganadero, además de pienso y tratamiento para el ganado.
El anciano afirmó sus palabras con un proverbio somalí: “El hombre que puede saltar la longitud de un bastón puede saltar una situación. Gracias ADRA por tu amable ayuda, y que tus buenas acciones sigan tocando a otros”. Concluyó, y dio un último trago a su shaa.
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