Un día cualquiera, cientos de refugiados pueden cruzar las fronteras a cuentagotas o llegar en oleadas de miles. Hoy, un grupo de cincuenta estaba cruzando a Serbia desde Bulgaria, así que hubo tiempo para que los miembros del equipo de ADRA entablaran conversación.

Un voluntario habló largo y tendido con un padre llamado Abdullah, que dirigía a su familia de cinco miembros que huyen de la violencia en Irak.

“En Irak ya no hay esperanza”, dijo Abdullah mientras invitaba a nuestro voluntario a compartir el almuerzo que habían donado.

Cada refugiado que conocemos lo ha dejado todo atrás y está realizando un viaje verdaderamente traicionero, y cada uno tiene una historia que podría rompernos el corazón. La mayoría supone que al menos han dejado atrás la violencia, pero Abdullah y su familia volvieron a sufrir durante el viaje.

En Bulgaria fueron atacados y maltratados por quienes creían que eran policías búlgaros, pero probablemente eran miembros de la delincuencia organizada local. Este tipo de delincuentes atacan con frecuencia a refugiados vulnerables para extorsionarles a cambio de un salvoconducto.

Mientras compartían el pan de la comida, supimos que la hija de Abdullah, de 20 años, tenía heridas graves en la mano. Un miembro del equipo de ADRA acompañó a la hija y al padre al hospital más cercano, donde pudimos organizar la atención e informar del ataque a las autoridades.

Rechazando el deseo del médico de operar, la familia siguió su camino y prometió parar en el centro de refugiados de ADRA en Belgrado. El voluntario sigue en contacto con ellos.

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Acerca de ADRA

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