Cada año puede traer consigo acontecimientos que cambian la vida, luchas económicas, enfermedades inesperadas o incluso esos pequeños momentos que se convierten en los mayores recuerdos de ese año.
En ADRA, nuestra misión es nuestro propósito: servir a la humanidad para que todos puedan vivir como Dios manda. Respondemos a nuevas crisis que afectan a los más vulnerables casi todos los días. Conocemos a familias que han perdido sus medios de subsistencia y su capacidad económica para prosperar. Nos enteramos de que la educación no es accesible a todas las niñas, lo que cambia el futuro de las generaciones venideras. Vemos cómo comunidades que dependen del entorno que las rodea para alimentarse pierden la nutrición debido a las condiciones cambiantes.
Cada día nos llegan noticias de más dolor y heridas, pero nuestro propósito nos impulsa a seguir adelante.
En los últimos años, la vida cambió para todos y la forma en que vivimos nuestro propósito se vio afectada. Es probable que muchos de ustedes hayan tenido sus propias experiencias y estén de nuevo intentando conectar con su propósito o encontrar su propósito renovado.
El propósito es algo personal.
Puedes pensar que es tu vocación, tu contribución única al mundo o simplemente esa “cosa” que eleva el camino que tomas en la vida. Lo definas como lo definas, muchos de nosotros hemos experimentado la frustración de pensar que nunca encontraremos nuestro propósito, o incluso que nos hemos equivocado.
Hay muchas razones que pueden hacer que la chispa de tu propósito se apague, así que hoy tenemos tres sencillos pasos que puedes seguir para ayudarte a encontrar tu propósito renovado.
- Rezar y escuchar
Muchos de nosotros hemos oído durante toda nuestra vida que Dios tiene planes para nosotros. Para otros, es un concepto nuevo. En cualquier caso, puede parecer una frase hecha sin ninguna acción real, pero la oración es una acción que nos da la oportunidad de conectar con la fuente de nuestra verdadera vocación.
Ábrele tu corazón, comparte con Él tus alegrías y frustraciones, tráele tus preguntas difíciles y pídele Su guía.
¿Deberías esperar un relámpago de inspiración inmediata después de rezar? Probablemente no. La respuesta más poderosa de Dios a la oración suele ser un suave recordatorio de que hay que ser paciente y confiar en Él.
2. Conócete a ti mismo
Una de las razones por las que podemos pensar que hemos perdido el rumbo y nuestro propósito es simplemente porque hemos cambiado. Es natural que nuestros intereses, talentos y personalidades se desarrollen y evolucionen a lo largo de las distintas etapas de la vida.
Entonces, ¿quién eres ahora?
Tomemos el ejemplo de ADRA. Cuando planificamos un proyecto de apoyo a una comunidad, primero tenemos que conocer a sus habitantes. Cuanto más sepamos sobre sus vidas, mejor podremos reconocer las necesidades, las vulnerabilidades y los recursos disponibles y prestarles el apoyo más adecuado.
Aquí tienes algunas preguntas divertidas que puedes plantearte para empezar:
- ¿Cuáles son mis puntos fuertes? Piensa en las habilidades que has aprendido y en los talentos que has perfeccionado, pero no pases por alto las cosas que te salen de forma natural o no parecen importantes.
- ¿Qué rasgos aprecian los demás de mí? A veces, nuestras cualidades más valiosas son cosas que nos cuesta reconocer en nosotros mismos.
- ¿Cuándo me siento más yo? Es una pregunta extraña, lo sabemos, pero presta atención a los momentos en los que te sientes realmente satisfecho, inspirado o desafiado. Piensa con quién estás, qué estás haciendo y dónde estás: ¿ves algún factor que se repita?
- ¿Qué me hace diferente? Puedes tener la tentación de ignorar las pequeñas cosas, las cosas extravagantes, las cosas poco convencionales de ti mismo, pero eso sería un GRAN error. Si rehúyes lo que te hace único, puede que estés pasando por alto tu mayor fortaleza.
Después de haber pasado algún tiempo de calidad reconectando contigo mismo y hablando con los demás, vuelve al Paso 1. Aprender más sobre ti mismo puede ser interesante por sí solo, pero no hay nadie mejor cualificado para orientarte al respecto que Aquel que te creó.
3. Empezar a servir
Es fácil darle demasiadas vueltas a algo tan importante como esto, pero no es probable que encuentres un propósito renovado dentro de tu propia cabeza.
Una forma segura de olvidarte de ti mismo es servir a los demás.
Probablemente conozcas a personas u organizaciones locales que podrían utilizar tu tiempo, recursos y talento. Lo que quizá no sepas es lo transformadora que puede ser la experiencia.
Tanto si repones alimentos en una despensa como si ayudas a un vecino a trabajar en el jardín o sacas a pasear al perro de un refugio, pasar tiempo con gente (o animales) nueva y probar cosas nuevas tiene un gran valor.
Quién sabe, ¡puede que encuentres la chispa de algo especial mientras sirves!
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Una cosa que te garantizamos que descubrirás cuando busques tu propósito renovado es que no es algo que puedas tachar de tu lista de tareas pendientes. Puede que experimentes algunos giros y vueltas (e incluso algunos desvíos y pinchazos), pero eso no significa que no estés en el camino correcto.
No hay límite de tiempo para los planes que Dios tiene para ti, y no serás decepcionado si pones tu fe en Él.